Matrimonio y familia

“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad… es deber del Estado resguardar la seguridad de nacional, dar protección a la población y a la familia, y propender al fortalecimiento de esta” – Artículo 1 de la Constitución Política de la República.

“La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado. Se reconoce el derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia si tienen la edad y las condiciones requeridas para ello por las leyes internas, en la medida en que éstas no afecten al principio de no discriminación establecido en esta Convención.” – Artículo 17.1 y 17.2 de la Convención Americana de Derechos Humanos.

Nos referimos al Matrimonio y a la Familia de forma conjunta, porque no comprendemos uno sin el otro.

La familia es la comunidad de padres e hijos unidos con lazos de sangre y fundamentada en el matrimonio. No desconocemos que existen distintas formas de organización de las familias, las que de igual manera, encuentran su raíz común en la unión de un hombre y una mujer por cuyo amor conyugal se da origen a su descendencia. Comunidad y Justicia trabajará para sostener y defender esta definición frente a los Tribunales, a la Administración y al Legislador.

Hoy en día, promover y fortalecer la familia como núcleo fundamental de la sociedad exige ir mucho más allá que simplemente mantener una definición de esta en nuestra legislación. La experiencia nacional hoy nos muestra su progresivo debilitamiento por una combinación de factores que han afectado la forma en que los chilenos concebimos el matrimonio. Una renovación cultural en torno al valor del matrimonio y sus fines exige un compromiso personal y social de todos quienes creen en la concepción conyugal de la institución matrimonial. Pero para lograr esa renovación, es indispensable que mantengamos en nuestra legislación la concepción conyugal del matrimonio como fundamento de la familia que cumple su función social.

En última instancia, creemos que el interés del Estado en intervenir en la regulación matrimonial tiene poco y nada que ver con el reconocimiento del vínculo emocional entre personas adultas, sino que con la preservación y protección de los derechos de los niños que tienen su fuente en la unión entre un hombre y una mujer, buscando regular el marco jurídico que mejor asegure la estabilidad de su familia y su mantención y crianza.